Programa de Desarrollo Emprendedor

Una reciente producción del diario español El País explica cómo los exiliados que han arribado a Europa y otros países en los últimos años, escapando de guerras y persecuciones, contribuyen con su emprendedorismo en las economías que los incorporan.

El artículo, firmado por Miguel Ángel García Vega, refiere que “Turquía, Jordania, Líbano y Australia comienzan a sentir en sus economías el empuje de los refugiados, sobre todo sirios, muchos de ellos emprendedores. Mientras, en el viejo continente, Suecia, Italia, Alemania y España pueden aprovechar una inercia de trabajadores jóvenes (por ejemplo, el 40% de los sirios llegados a Suecia en 2014 tenían una formación equivalente al bachillerato)”. Luego cita a un experto, quien señala que para los refugiados “que entran en un nuevo país sin contactos o sin una carrera convencional, crear un negocio es una manera de salir adelante. Como la migración, emprender es un empeño arriesgado que necesita trabajo duro para que dé sus frutos”.

También al artículo refiere el impacto positivo sobre las economías receptoras: “estas personas [los refugiados] tienen la capacidad de aumentar —acorde con el FMI— la riqueza europea en 2015 (0,05%), 2016 (0,09%) y 2017 (0,13%). De entre todos, los países más beneficiados ese último año serán Austria (0,5%), Suecia (0,4%) y Alemania (0,3%). Y también la condición humana. Algo que recuerda la fundación neoyorquina Tent, que lanza a la sociedad europea un titular cristalino: ‘Un euro invertido en acoger a los refugiados se trasformará en casi dos de beneficios en los próximos cinco años’. La llegada de refugiados costará a las arcas públicas 68.000 millones de euros entre 2015 y 2020, pero en el mismo periodo de tiempo generarán una riqueza superior a 126.600 millones. ‘La clave del impacto’, matiza Massimiliano Cali, economista del Banco Mundial, ‘estará en el largo plazo, ya que es cuando más refugiados serán capaces de participar de forma activa en la economía del país anfitrión’.”

Más adelante, la nota evoca experiencias de otras latitudes, como la llegada de los cubanos a Florida en los años 90, y explica las consecuencias actuales de la inmigración en Turquía y en Australia. Textualmente, dice así: “Desde 2001, ciudadanos sirios, bien solos o junto a socios locales, han puesto en marcha en Turquía unos 4.000 nuevos negocios. Según el think tank con sede en Ankara Economic Policy Research Foundation, cerca de 1.600 se crearon en 2015 y más de 590 durante los tres primeros meses del año. Es verdad que representan un espacio limitado dentro de una economía de 710.000 millones de euros, pero también suponen la chispa de una hoguera”.

“Los emprendedores sirios suelen abrir negocios que son tradicionales en su economía, como la fabricación de calzado. La importancia de este tipo de empresas es que usan tecnologías intensivas en mano de obra y crean empleo para los refugiados sirios menos cualificados”, describe Harun Ozturkler, profesor de Econometría en la Universidad turca de Kirikkale. Y, al mismo tiempo, “incentivan a los trabajadores turcos con menor formación a mejorarla y a buscar trabajos mejores y con salarios más altos”. De hecho, un informe reciente de Standard & Poor’s sostiene que la llegada de migrantes (representan ya casi el 4% de la población turca) ha impulsado el crecimiento de Turquía. Beneficios que se perciben también en Jordania y Líbano. Son economías pequeñas en términos de PIB, y “aunque no existen datos, es posible que los emprendedores sirios tengan efectos positivos en las cuentas de esos países”, relata Ozturkler.

Bastante más lejos, en Australia, esas dudas desaparecen. Los refugiados “tienen el potencial de contribuir a la economía del país”, mantiene Violet Roumeliotis, responsable de Settlement Services International (SSI), una ONG que es el punto de partida para los 3.000 refugiados que llegan a Sidney cada año. “Es importante comprender”, precisa Roumeliotis, “que la persecución y la guerra no discrimina por el nivel de educación de las personas. Ingenieros, médicos, abogados, profesores”. Y muchos sienten el emprendimiento como una identidad vital. El 21% de las personas que entran en Australia por razones humanitarias obtienen sus ingresos principales de su negocio, según el SSI. Además, el 18,8% de la primera generación de refugiados son emprendedores, frente al 15,9% de media de la población australiana.

La nota original puede leerse en http://economia.elpais.com/economia/2016/09/15/actualidad/1473935451_442096.html

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