Programa de Desarrollo Emprendedor

Newsletter 47 – Junio 2015

La obsesión con Silicon, hasta el infinito

junio 14, 2015

En este artículo publicado en Techcrunch y firmado por Dany Crichton, se critican los afanes por copiar al detalle la experiencia del Silicon Valley (SV). Sostiene, por el contrario, que parte de la filosofía de SV “está en aprender a forjar su propio camino. Mi consejo para los políticos es que hagan lo mismo”.

Hay muchos analistas que sostienen que hay en la actualidad una burbuja en Silicon Valley (SV). Pueden o no tener razón, pero sin duda hay una burbuja de lugares llamados así, con nombres tomados a partir del ejemplo de ese importante ecosistema global de alta tecnología.

Silicon Border. Silicon Hills. Silicon Estepa. Silicon Prairie. Silicon Roundabout. Silicon Golfo. Avenida de Silicon. Canal de Silicon. Silicon Alley. Silicon Beach. Bosque de Silicon. En Filadelfia, incluso, llaman a una región Philicon Valley (quien inventó esto debe ser desterrado del mercado por cinco años).

El silicio (silicon en inglés) puede ser uno de los materiales más abundantes en la tierra, pero la obsesión absoluta por nombrar así a cualquier parque tecnológico surgido después de SV, es una tendencia que debería interrumpirse.

Los ecosistemas de innovación no sólo surgen gracias a una señal de detonación que diga ¡SILICON!. En lugar de ello, se desarrollan durante muchos años a través de una política gubernamental eficaz en torno a la educación y las regulaciones en los negocios, y además suelen ser hijos de otras industrias globalmente competitivas. No es de extrañar que algunas de las nuevas regiones de alta tecnología más exitosas de la última década se encuentren en Los Ángeles, Nueva York y Londres.

La política de fomentar empresas de tecnología de punta es molesta, y los gobiernos encontrarán que su tiempo y dinero estaría mejor gastados si se invirtieran en la calidad de vida de los residentes.

El milagro Silicon

Todos los gobiernos del mundo industrializado están hablando del crecimiento de la alta tecnología (high-tech). Es comprensible. Los puestos de trabajo de high-tech tienden a pagarse bien en muchas partes del mundo, y son puestos ambientalmente limpios en relación con otras áreas de la economía, como la manufactura. Ocurre que las empresas de rápido crecimiento son útiles para crear grandes historias sobre reactivación económica, y el surgimiento de millonarios puede servir para conseguir votantes e ignorar cuestiones más fundamentales de una economía.

Además, es pura diversión. Es raro que en la política la ciencia ficción y la realidad se reúnan, y una de esas escasas oportunidades es el desarrollo del ecosistema de innovación. Somos testigos  de todos los políticos que han circulado por Facebook, Google o Twitter en los últimos años. Definitivamente, hay una cualidad atractiva en estas empresas, y los políticos quieren estar cerca de ellas.

Por supuesto, nunca se menciona durante esas sesiones de fotos el lado oscuro del SV. La desigualdad está creciendo rápidamente en la región, impulsada por el vaciamiento de la clase media. También son cada vez mayores los alquileres, que han aumentado en todas las áreas de high-tech debido a la creciente demanda por parte de personas con altos ingresos y la limitada construcción de viviendas. Además, los políticos parecen voluntariamente ciegos a los millones de puestos de trabajo desplazados por la automatización de equipos a lo largo de las últimas décadas.

La high-tech puede tener un rendimiento económico increíble, pero no es una industria inclusiva como la manufactura, donde los ejecutivos muy bien pagados, diseñadores y gerentes de producto pueden trabajar junto a los trabajadores de ingresos medios. Realmente es una industria de todo o nada: o bien uno puede trabajar con un  paquete completo de compensación, o bien ser completamente irrelevante.

Ciertamente, no es inusual que los políticos fomenten este tipo de puestos de trabajo de élite más allá del estatus y el glamour. Muchos gobiernos estatales en los Estados Unidos ofrecen créditos fiscales a las empresas de producción de cine para rodar películas dentro de sus estados, un sistema de bienestar corporativo que ahora está empezando a ser derogado, ya que no funciona.

Desafortunadamente, la tecnología es una bestia difícil de analizar, por lo que continúa floreciendo en los hacedores de políticas. Hay una supuesta “magia” que sucede cuando arrojamos polvo de alta tecnología en la sopa de la economía urbana. Las industrias empiezan a ser más competitivas, la calidad de vida debería mejorar, y la ciudad se vuelve más atractiva para los trabajadores potenciales. ¡Como si fuera magia!

La realidad es más difícil de discernir, pero probablemente estamos gastando demasiado. La tecnología es de hecho una “buena” industria que agrega valor a una economía (al igual que muchas otras industrias, por supuesto). El desafío es vincular el valor creado con los incentivos de política y programas que demandan los recursos del gobierno. En muchos lugares del mundo, el gasto sigue siendo extremadamente desequilibrado.

El manual del Silicon Valley

Una de las increíbles cosas de asistir a las conferencias de diseño de políticas gubernamentales sobre los ecosistemas de innovación es que pocos políticos saben qué es Silicon Valley, o más específicamente, qué lo hace funcionar.

La región tiene muchas cualidades “clave”, pero dos son las más importantes. La primera es el comportamiento de búsqueda del riesgo. Todo el mundo en esta industria entiende el riesgo, aunque con diferente tolerancia, y está dispuesto a jugar el juego para alcanzar grandes ganancias.

La otra característica es que la región se centra enteramente en el rápido crecimiento. Los ingenieros inexorablemente se mueven hacia las empresas de más rápido crecimiento, de modo que el talento se concentra en las futuras historias de éxito. Además, los abogados y los contadores están dispuestos a llevar las normas sobre impuestos y valuaciones de una manera tal, que las empresas de otras regiones simplemente no estén dispuestas a llegar.

Aquí está la csuestión: Silicon Valley no es aplicable sólo en los Estados Unidos como un ecosistema de innovación dinámico. Tanto Nueva York en finanzas como Los Ángeles en medios de comunicación, son ejemplos de regiones que tienen muchas de las mismas cualidades de San Francisco. Los productores de Hollywood son tan calculadores sobre la creatividad y la rentabilidad, como sus hermanos de capital de riesgo. Por eso Beach Silicon [en California], y Silicon Alley [zona con gran concentración de Internet y nuevas empresas de medios de comunicación en Manhattan] han tenido un crecimiento desproporcionadamente más rápido que otras regiones más nuevas en tecnología en el mundo.

La buena noticia es que la mayoría de los países ya tienen algún tipo de industria que se ajusta a este patrón. En lugar de tratar de reinventar la rueda mediante la importación de las empresas de tecnología, los gobiernos deberían invertir sus recursos en el aumento de la competitividad de las industrias ya existentes. En otras palabras, acentuar los puntos fuertes.

Equilibrio entre Silicon y realidad

La industria de la tecnología mantiene en estatus alto para muchos en todo el mundo, por lo que es poco sorprendente que los políticos traten de atraer a este sector hacia sus distritos. Por desgracia, el gasto a menudo se desperdicia en iniciativas inútiles diseñadas para construir un ecosistema desde el inicio, a expensas de las fortalezas reales de la economía local.

En lugar de gastar, hay que tratar de escuchar. Tal vez los reglamentos del capital de riesgo deban ser modificados. Tal vez contratar y desvincular gente, para una start up, sea prohibitivo. Tal vez las redes de banda ancha tienen que ser modernizadas. Cada región y ciudad en el mundo tiene algo en lo que le está yendo bien, y que podría ser un potencial para cambiar el mundo. Eso siempre será el mejor billete de la lotería de alto crecimiento.

En esta misma línea: el cambio más impactante va a venir desde el desarrollo del ecosistema de abajo hacia arriba. Hay mucho dinero que puede ser generado por los ecosistemas de innovación, por lo que rara vez hay un problema de incentivos cuando se trata de números. A menudo, un cambio en la cultura es el primer paso para la construcción de estas regiones, que sólo llegará cuando las personas decidan por sí mismas.

Por último, y lo más práctico: hay que invertir tiempo en los fundamentos de las start-ups propias de su región. Economías bien diversificadas y una buena oferta de comodidades y eneficios públicos para radicarse, siempre van a ser factores deseados por el tipo de trabajadores que estas industrias atraen. Por ejemplo, incentivos genéricos para start-ups, casi con seguridad, serán menos útiles que un buen sistema de transporte.

Parte de la filosofía del Silicon Valley está en aprender a forjar su propio camino. Mi consejo para los políticos es que hagan lo mismo. Un camino de silicio, un Silicon Path.

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