Programa de Desarrollo Emprendedor

Newsletter 12 – Noviembre/ Diciembre 2011

“Hay que identificar oportunidades, pero también al equipo capaz de aprovecharlas”

diciembre 6, 2011

Lisandro Bril es experto en capital de riesgo, estrategia y desarrollo empresarial. Forma parte del Comité Consultivo del Prodem. Acá, ofrecemos la primera parte de una entrevista muy instructiva sobre su propia trayectoria y la evolución de la financiación a emprendedores en América Latina.

Prodem: ¿Cómo definiría su relación con el mundo de los emprendedores?

Lisandro Bril: Debo aclarar primero que yo, más que gestor de capital de riesgo o Venture Capital (VC), soy un emprendedor en el negocio del VC, es decir, en crear una empresa que sea exitosa en la gestión de fondos de capital de riesgo. Porque yo creí en su momento, y lo creo todavía, que en la Argentina hay una gran oportunidad de capturar y desarrollar innovación, crear empleo, y tener impacto, a partir de ventajas competitivas que tiene el país en talento innovador. Entonces, como dice un impulsor de VC en el Silicon Valley: “No me fue bien como tecnólogo, pero me fue bien inventando el futuro, financiando a los tecnólogos y a los innovadores”. O sea, yo soy un emprendedor que financia a emprendedores innovadores.

P: ¿Cuál fue su primer acercamiento al VC?

LB: Para mí la chispa de arrancar con este negocio de VC en la Argentina se inició cuando estaba en Harvard, en la Business School, y tenía un compañero que inventó la VisiCalc, que era una planilla electrónica. A él, un año antes, le habían dado plata por la idea. Y lo mismo pasaba con gente de la biotecnología. Yo veía que le daban plata a gente que todo lo que tenía en su activo era un título: pasivo cero, activo cero, capital intelectual potencial. Y había dinero para eso. Estábamos a principios de los años 80, y yo me decía a mí mismo: “esto es una excentricidad americana”.

Me volví a la Argentina, y tuve la oportunidad de entrar en el gobierno del presidente Alfonsín entre 1885 y 1989, como Secretario de Comercio Exterior. Mi visión era: la Argentina tiene una gran oportunidad para desarrollarse a partir de sus ventajas comparativas, y de las ventajas competitivas que puede construir. Ahí apareció una nube enorme de emprendedores que, cada vez que intentaban vender su producto, no tenían el capital para poder financiar la construcción y el desarrollo del negocio. Ahí aprendí definitivamente que la banca comercial, diga lo que diga, no está para financiar este tipo de negocios, ni en la Argentina ni en ningún lugar del mundo.

Cuando yo salí del gobierno, salí con la convicción de que, si uno quería capturar las ventajas de talento que puede haber en Argentina o en otros países comparables de innovación, había que  desarrollar VC (capital emprendedor en los términos actuales del FOMIN).

P: ¿Cuáles fueron sus primeras experiencias en el financiamiento a emprendedores?

LB: Al terminar mi paso por el gobierno comienzan tres etapas de mi historia tratando de construir y ser un agente de este negocio. Al principio de la década del 90, hablar de VC en la Argentina era algo exótico. Me acuerdo que una vez fui a ver a un emprendedor, y la secretaria al anunciarme le dijo: “Mire, acá hay un señor que habla de Venture Capital, creo que es turismo aventura en la Patagonia”. Visto desde una perspectiva más teórica, faltaba el “Ecosistema Emprendedor” de alto impacto, es decir, innovador. Hacia mediados de los años 90 logré seducir a Advent para que viniera a América Latina, pero entre 1994 y 1995 aconteció la crisis mexicana y el Efecto Tequila, por lo que debimos archivar los proyectos que implicaban inversiones en la Argentina. Yo me fui a trabajar de consultor.

En 1997, junto con otros cuatro o cinco pioneros de la Argentina, creamos lo que en ese momento era la Fundación Endeavor. En esa misma época comenzó la burbuja de Internet, pero antes de que explotara no era una burbuja, sino la gran oportunidad de Internet. Y yo, que hablaba permanente con gente que estuviera dispuesta y con ganas de financiar VC, me encontré de casualidad en una cena con la gente de un fondo norteamericano que habían comprado en la Argentina una base muy importante de televisión por cable y se preguntaban cómo podía ser que el país, con lo que tiene de talento y de gente interesante, no despegara. Y mi respuesta fue: creemos un fondo de VC en empresas de tecnología que capture las oportunidades de la economía digital. Así fue, me tuvieron confianza, y tras averiguar mis referencias, dijeron: “Bueno, nosotros ponemos 15 millones de dólares. ¿Cuánto ponen los argentinos?”. Frente a lo cual todos empezaron a mirarse: había que explicarles a los estadounidenses que ni el gobierno argentino, ni los inversores argentinos ponían dinero. Quienes quieren crear una industria se van a enfrentar con este tipo de cuestiones cuando comiencen con sus primeros fondos. Esta primera etapa tuve la suerte de que fuera exitosa: se reunieron 20 millones de dólares, e invertimos 15 de ellos en unas 10 empresas antes de que se parara por el tema de la burbuja. De ahí surgió AMTEC, que eran unos chicos de Rosario y pasó a ser una compañía de 250 programadores que terminó comprando el grupo Zambrano de México. Lo que invertimos, a razón de 500 mil dólares, lo vendimos en 30 millones. Fue exitoso…tuve suerte, porque hay que tener suerte para poder generar resultados de esta manera. Ese grupo inversor, de todas maneras, tenía talento, porque de ahí salió Mercado Libre, de ahí salió también Despegar.com. Es decir que ahí hubo un grupo de gente que tuvo talento en identificar oportunidades, pero también al equipo que ejecutaba esas oportunidades. El resultado financiero era la consecuencia, pero la clave era que existiera la oportunidad, el modelo de negocios y el equipo que pudiera ejecutar.

P: En ese momento, además, las cosas empezaban a complicarse en la Argentina…

LB: Así es. Como me había ido bien en el primer fondo, en el 2001 empecé a recorrer el camino para levantar mi segundo fondo. Después de gastar personalmente 200 mil dólares durante un año y pico, una persona en New York me dijo: “Bueno, lo que Ud. me dice está todo muy bien, el modelo, etcétera, pero la Argentina es un “bad country where to come from” (la Argentina no es un buen país donde ir), con lo cual yo cerré mi nuevo proyecto y volví a trabajar de consultor.

En 2004 parecía que las cosas repuntaban otra vez, y me dije: “Bueno, ahora me pongo nuevamente a levantar un fondo”. Pero levantar un fondo son dos negocios en uno. Porque los inversores, no te dan ni cinco minutos de atención si no hay un flujo adecuado de proyectos para mostrarles.  Y por otro lado, los emprendedores no te dan tampoco importancia si no se les muestra que hay plata para invertir. El desafío que enfrenta un gestor de VC es poder exhibir una trayectoria propia a cuatro, cinco ó 10 emprendedores, de modo de convencerlos de que hagan ciertas cosas que uno les recomienda hacer, y que son cosas que toma tiempo prepararlas. Y al mismo tiempo, mostrarles a los inversores el atractivo que pueden tener estos emprendedores como para transformarse en “invertibles”, en receptores de la inversión.

Yo suelo repetir que son como la historia del óvulo y el espermatozoide. Si se ponen 10 óvulos y ningún espermatozoide, no hay hijo; si se ponen 10 espermatozoides y ningún óvulo, no hay hijo. Si quiere un hijo, tiene que tener emprendedor e inversor en el mismo momento, en ese instante amoroso. Es un desafío no menor.

Por esa época me conecté con Ana Patricia Botín, accionista del Grupo Santander. Ella había vivido en Argentina, estaba enamorada del país, y tiene una vocación auténtica por el Venture Capital. Su fundación se llama Empresa y Crecimiento y tiene una visión schumpeteriana del desarrollo emprendedor. Tenía un fondo en México que ya había desarrollado, y quería hacer algo en la Argentina. De ese contacto surge lo que hoy tengo, que es el Fondo Pymar, que logramos cerrar el año pasado. Un fondo de 22 millones de dólares para invertir en compañías básicamente innovadoras de tecnología que tengan la base operativa innovadora en Argentina y mercados cuanto menos regionales. Cuando digo regionales, debo decir que Brasil es el mercado que mueve la aguja.

(continúa en el próximo número de Dinámica Emprendedora).

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