Latinoamérica sabe fabricar “ruedas y embragues”, pero falla en entregar el “auto completo”. Así definen los líderes de GEIAL la brecha actual entre la Plataforma de CTI y el mercado. Desde la necesidad de “arrear” a los investigadores hacia la vinculación, hasta la creación de Venture Builders que separen la ciencia del management, este artículo recorre las estrategias de cuatro países para que el conocimiento deje de acumular polvo en los papers y empiece a generar valor escalable.
La inercia de la ciencia y la necesidad de “arrear”
Uno de los principales desafíos para los ecosistemas de emprendimiento dinámico es cómo hacer que la Plataforma de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) se convierta en un verdadero driver de oportunidades para nuevos negocios. La respuesta a este interrogante implica, en primer lugar, abordar transformaciones de raíz en cuestiones básicas como la cultura e incentivos dentro de las Universidades y Centros de I+D. Silvia Aisa (de GEIAL Córdoba y de la Universidad Nacional de Córdoba) fue clara: “Nuestra universidad tiene 400 años y la tradición ha sido hacer ciencia básica, digamos, se trabaja mucho desde ese lado y se fomenta eso. De hecho, la calificación de los investigadores va de la mano de los papers que publican y no de las acciones de vinculación”.
Desde Ecuador, la perspectiva es similar, destacando que el impulso a la vinculación debe ser externo a los investigadores. Marcos Vega (Prendho-UTPL y GEIAL Loja) enfatizó: “los investigadores al menos en nuestro entorno no se interesan en hacer estas conexiones. Si la universidad no hace un esfuerzo para que esa conexión exista, no se va a dar. La institución debe arrear – literalmente uso esa palabra – a estos investigadores hacia esta línea, por este camino”.
La “zanahoria” de la política y el incentivo
Frente a la inercia, la solución pasa por la institucionalidad y la reingeniería de la carrera académica. La política pública, a través de programas gubernamentales o exigencias de acreditación, se convierte así en el timón. En Concepción (Chile), estos cambios de incentivo han sido clave. Gonzalo del Río (U. Santo Tomás/GEIAL Bío Bío) explica que en Chile criterios de acreditación y programas como Ingeniería 2030 forzaron la creación de Vicerrectorías de Innovación y Oficinas de Transferencia Tecnológica (OTTs), empujando el foco de la CTI hacia el entorno. Este cambio de reglas marca una diferencia importante, un ejemplo de cómo la política universitaria impacta directamente en la capacidad de escalamiento.
Pero los incentivos no son solo normativos o regulatorios; son también los financieros. En Córdoba, la reducción de los fondos públicos ha obligado a los investigadores a mirar con “buenos ojos” al sector privado como una fuente de financiamiento. La UNC ha respondido destinando su línea de subsidio más importante (cercana a U$S15.000) solo a proyectos que demuestren estricta vinculación con el contexto, alineando el financiamiento interno con el impacto externo.
Inti Núñez (U. de Concepción, Chile) complementa lo anterior señalando un problema que aparece respecto del financiamiento público y la transferencia tecnológica. “El problema es que lo resuelven en pequeño – dice – y no llegan al mercado, por así decirlo. […] es que la lógica de los concursos públicos hace que se resuelva una cosa en pequeño y el escalamiento, o el paso al mercado, sea un problema”. En este sentido, nos invita a reflexionar sobre la lógica del financiamiento a partir de la metáfora del “auto completo” aclarando que rara vez los/as investigadores/as logran ese objetivo, el resultado que se produce es solo “la rueda con una parte del embrague”. Si bien estos instrumentos logran alinear la investigación con problemas reales, sus restricciones de tiempo y dimensión generan soluciones fragmentadas.
Traductores y Retos: Cambiar el lenguaje de la vinculación
Otro desafío que salió en la charla acerca de la vinculación de la Plataforma de CTI tiene que ver con la comunicación, pues el lenguaje del paper no es el lenguaje del mercado. De hecho, el problema es mutuo. Sandra Díaz (Ematris, Co-founder de GEIAL y GEIAL Santiago de Chile) señaló que “Desde las empresas tampoco hay como una apertura tan grande. […] es como que les faltara actualizar su software, como que están operando con Windows de hace 3 años”.
Para resolver este “desafío de la traducción”, los ecosistemas están probando diferentes figuras y programas específicos. En el caso de la Universidad Nacional de Córdoba se realiza la Reunión Academia Industria (RAI), inspirada de la Universidad de Upsala, Suecia, donde se ayuda a las empresas a identificar las problemáticas o los desafíos y luego se las vincula con investigadores. El secreto está en formar “vinculadores” que cambien “el lenguaje de la universidad a pasar a hablar el lenguaje de las empresas”.
Por otro lado, en Querétaro, existe el Distrito Qro Café, emulando el Venture Café de Boston, y la estrategia del Corporate Thinktank, cuyo objetivo es crear atmósferas relajadas para que la conexión suceda, invitando a investigadores/as y empresarios/as a compartir un ambiente distendido: “un par de copas de vino o de cervezas, en un ambiente relajado, y en donde están los investigadores con las startups y con algunos corporativos para conectar”, sintetizó Moisés Carvajal (del Tec de Monterrey, Campus Querétaro y GEIAL Querétaro).
Uno de los puentes más efectivos que han diseñado los ecosistemas son los modelos basados en retos. Estos obligan a la empresa a definir su necesidad y a la universidad a generar una respuesta aplicable. Doyreg Maldonado (de la Corporación CienTech y GEIAL Barranquilla) cuenta que el programa Retatech de CienTech opera identificando retos empresariales “basados en tecnología y que necesitan ser resueltos con conocimiento o con base tecnológica”. La corporación actúa como scout de soluciones entre sus universidades socias. En Loja, el modelo Conexia sigue una lógica similar: las empresas postulan problemas y “el docente investigador y sus alumnos desarrollan un prototipo funcional”.
No obstante, Marcos Vega (Prendho-UTPL, GEIAL Loja) enfatizó un punto clave: el resultado es un “prototipo que todavía no te va a permitir hacer escalamiento, porque hay que seguir investigando”. La función de la universidad es, entonces, entregar el “gancho” inicial para que el sector productivo invierta en la investigación posterior.
EBCTs: Del “Darth Vader” sin sable al deportista de élite
El bloque dedicado a las Empresas de Base Científica Tecnológica (EBCTs) encendió un debate honesto, lejos de los lugares comunes, sobre el verdadero perfil del investigador-emprendedor. Marcos Vega (Prendho-UTPL, GEIAL Loja) abrió la discusión con una franqueza refrescante, confesando que su experiencia con los spinoffs universitarios ha sido “muy dolorosa y triste” debido a la ausencia del perfil empresarial en los académicos. Para ilustrarlo, utilizó la analogía que resonó en la mesa: el investigador a veces “se disfraza de Darth Vader, pero no sabe usar el sable de luz”. Según su diagnóstico, el problema radica en intentar forzar un rol en quien no lo tiene, resultando en proyectos que “no funcionaron” porque sus líderes “no saben cómo ser empresarios”.
La experiencia que se vive en el Tecnológico de Monterrey plantea un cambio de paradigma institucional frente a este dilema estructural. Guadalupe Gallardo y Moisés Carvajal (del Tec de Monterrey, Campus Querétaro y GEIAL Querétaro) sostienen que en lugar de forzar la conversión del científico, la universidad debe crear vehículos que sirvan de puente en esa brecha. “[…] dentro del Instituto de Emprendimiento, tenemos cuatro centros de excelencia, y uno de esos centros es exclusivo para el desarrollo de empresas de ciencia y tecnología” desde allí se ofrece la realización de un diagnóstico para identificar el nivel de TRL y un equipo de trabajo especializado realiza un exhaustivo seguimiento de ese proceso. “Aquellos investigadores que no quieren ser emprendedores, no pasa nada”, afirmó Carvajal. Su modelo apuesta por separar la creación de la tecnología de la gestión del negocio: “lo hacemos a través de un proceso de licenciamiento, armamos un Venture Builder y se comercializa a través de terceros”. Este enfoque libera al académico y permite que la universidad cumpla su misión de transferencia sin desnaturalizar a su talento, aunque además admitió que ajustar la normativa interna para permitir esto no es un camino fácil, “nos ha tomado años”.
En relación a lo expresado anteriormente, Silvia Aisa (de GEIAL Córdoba y de la Universidad Nacional de Córdoba) agrega que en su ecosistema se trabaja fuertemente en la motivación de los y las académicos/as (en especial aquellos/as con mayor experiencia que buscan redirigir su carrera de investigación hacia las acciones concretas de vinculación) en el licenciamiento de patentes de su universidad. Asimismo agrega, “una de las cosas que estamos promoviendo es la creación de un club de inversores ángeles con los alumnos, digamos con los egresados de la universidad, con la posibilidad de acercar inversores privados a que emprendan o para que inviertan en emprendimientos de base científica.”
Finalmente, en el caso chileno Sandra Díaz (Ematris, Co-founder de GEIAL y GEIAL Santiago de Chile) destacó el valor de programas como “Startup Ciencia”, diseñados para madurar tecnologías: “es un financiamiento orientado con la flexibilidad y la orientación a tomar emprendimientos con alto componente científico tecnológico” Sin embargo, aclara que es necesario continuar trabajando sobre la especialización de los programas de acompañamiento de los hubs de transferencia tecnológica. Complementando esta visión, Inti Núñez (U. de Concepción, Chile) ofreció una metáfora brillante sobre la intensidad del apoyo que requieren estas compañías: no son startups comunes, son “deportistas de élite”. Explicó que estas empresas requieren un acompañamiento cercano por un plazo mayor al convencional, “necesitan lo que hizo Ferrero con Alcaraz, es decir, acompañarlo cinco personas durante 3 años”, contrastando este modelo con los “programas de las aceleradoras de 10 meses de clase” que resultan insuficientes para la complejidad de la ciencia profunda.
Más allá de la voluntad: Políticas e incentivos para el “auto completo”
El ecosistema emprendedor requiere que el conocimiento generado en la Plataforma de CTI fluya y se materialice en nuevas oportunidades, pero ese flujo, en Latinoamérica, rara vez es natural. Los ecosistemas de GEIAL han madurado, pasando de la simple voluntad de conexión a la creación de mecanismos como los Cafés y los Retos. Pero no parecería suficiente: se necesitan políticas que incorporen la vinculación de manera explícita, incentivos que la premien financieramente y en la carrera académica, y mecanismos de traducción que superen la brecha de lenguajes con el sector productivo. La región sabe generar la “chispa” de la innovación, pero todavía lucha con la “máquina” del escalamiento. El camino hacia el “auto completo” requiere que la universidad valore la transferencia como mérito y, que el Estado financie la ignición y la industria en consorcios de largo plazo, reconociendo que la innovación de alto impacto no es un prototipo, sino un proceso continuo de colaboración.
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